Hoy no me pienso ahorcar

Las afinidades electivas.

Noviembre 4, 2009 · Dejar un comentario

I am not a piece of teenage wildlife.
(David Bowie)

Cualquier rebelde adolescente que se precie sabe, o debería saber, que desde el momento en que los “adultos” son capaces de reconocer su estilo, el juego ha terminado y ha llegado el momento de buscar pastos más verdes.
La regla de oro, expresada en su momento por el cronista de la New Wave, Lester Bangs es que si nadie hace algo es razón suficiente para hacerlo tú.
No hay forma humana de explicar esta verdad que para algunos de nosotros es evidente sin más: que no hay mayor pecado contra la propia dignidad que seguir al abanderado, a cualquier abanderado. Recuerdo una manifestación anarquista que entendía esto perfectamente: después de quemar la bandera de España como acto de protesta, quemaron su propia bandera.
Es por eso que hay un eco que une a Unamuno – Se diga lo que se diga me opongo- con el Brando de “Los jóvenes salvajes” que preguntando contra que se rebelaba respondía con otra pregunta: ¿qué representáis?
Lo demás es vanidad y apacentarse de viento o lo que es lo mismo nichos de mercado especializados – gástate cien pavos en una chupita si quieres demostrar que eres un autentico anti-sistema- y posturitas antes el espejo, anqué sea el espejo de la opinión pública.

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El imaginario del Dr. Parnassus

Noviembre 1, 2009 · 4 comentarios

Corren muy malos tiempos para la fantasía.
No se dejen engañar por la presencia de vampiros en la cartelera y zombis en las librerías. Estas criaturas se nos presentan codificadas hasta la extenuación. El horror y extrañeza de imaginar que en la oscuridad hay algo muerto que se alimenta de los vivos se ha convertido en una agobiante construcción teórica donde se examinan detalladamente los vínculos, relaciones y políticas de estas criaturas. En este sentido hay que subrayar que con mucho la obra más influyente dentro del sub-genero de los últimos años ha sido sin duda “Vampiro: la mascarada”. Lo mismo respecto a los zombis, donde ahora podemos encontrar una “guía de supervivencia”. Lo mismo puede decirse de la nefasta influencia que ha tenido Tolkien en unos seguidores que se empeñan en fotocopiar su modelo y no en seguir su ejemplo. Hay una generación de lectores de franquicias que si descubriesen la historia de Thomas el poeta y su amor hacia le reina de los elfos seguramente la rechazarían indignados.
Todos estos son ejemplos de una imaginación domesticada y regulada., cuando no castrada por al exigencias del mercado. Todos estos zombies, elfos y vampiros no son genuinas muestras de la imaginación sino símbolos y alegorías de otras cosas. Personalmente, al igual que Tolkien, tengo alergia a las alegorías.
Mis propias preferencias se orientan hacían fantasías que no están ni codificadas ni explicadas hasta la extenuación como “La casa en el confín de la tierra”… o las películas de Terry Gilliam.
“El imaginario…” tiene unas reseñas durisimas.
Típico desastre para modernos, lleno de las cositas de Terry Gilliam (…) Los fans ya saben de qué va el rollo y a mí me parece una estupidez.” (Carlos Boyero: Diario El País)
Coherente al cien por cien: Gilliam no tiene el exceso de testoterona que por ejemplo si tiene “Apocalypto” de Mel Gibson que si le gustó mucho al Sr.Boyero, o de su admirado Kitano, que a mi me parecen simples fantasias proyectivas para que oficinistas frustados descarguen testoterona en le caso de de Kitano , o sadomasoquistas delirios pseudo-historicos (¿histericos?) rayanos en lo patologico en el caso de Gibson.

Pero a estas alturas del partido los que seguimos la carrera de Gilliam sabemos que son como los cds de Lou Reed: siempre tienen unas críticas terribles. Curiosamente la peor película de Gilliam, “Tideland” es la que mejores reseñas ha tenido y esto es porque los críticos tenían ha donde agarrase: la inquietante escena en que la niña protagonista le prepara la jeringuilla de heroína a su padre.
Pero entrando en materia, “El imaginario…” es Gilliam en estado puro.
En un Londres contemporáneo un grupo de adolescentes que salen de un pub se encuentran de repente con un carromato de feria de estilo barroco que les propone entrar en el mundo de la imaginación. El imaginario que da título a la película. Pero la respuesta es o bien la ignorancia o el vandalismo. A pesar de que el Doctor ofrece verdadera magia, la posibilidad de entrar en un mundo donde tu imaginación se vuelve realidad, su espectáculo languidece.
Se nos dice que el Doctor, encarnado por el siempre excelente Christopher Plummer , ha vivido miles de años y durante este tiempo se ha enfrentado con el diablo Mr. Nick , encarnado por Tom Waits en el mejor papel de su carrera, para defender la imaginación de la humanidad como fuente de supervivencia.
Pero el doctor está perdiendo y si nadie hace algo al respecto dentro de tres días el diablo se llevará al infierno a su única hija.
En ese momento aparece el misterioso Tony, encarnado con aplomo por Heath Ledger. El Doctor cree que el diablo lo envía pero el diablo lo niega. De Tony, un personaje bastante ambiguo, dependerá la victoria final del Doctor o del diablo. En realidad a partir de este momento lo que era una variación sobre Fausto se convierte en la historia de si Tony – un hombre bueno que ha hecho cosas malas o un embaucador sin escrupulos según a quien preguntes- alcanza o no una redención que puede que no tome una forma previsible.
Y como decían en “Un, dos, tres” hasta aquí puedo leer.
Sobre todo porque es una película fluida. Las cosas cambian y mucho a lo largo de sus dos horas y terminaremos preguntándonos que son exactamente.
Los viajes al mundo de la imaginación son deslumbrantes. Pero sobre todo raros. Esto ha hecho que una y otra vez se lea en las críticas que está en una película “excesiva”. Los cual da que pensar que hoy en día cualquiera puede publicar en papel. ¿Cómo puede no ser excesivo el mundo de la imaginación? En cualquier caso, esto es exactamente lo mismo que se dijo de “Los héroes del tiempo” y “Muchhausen”. Películas con las que “el imaginario…” guarda una intima relación de continuidad. Incluyendo detalles como que Parnassus, al igual que Muchhausen, rejuvenece cuando deja volar la imaginación.
Por otro lado, se dice que es una película desequilibrada con lo cual, honradamente no sé a qué demonios se refiere. La película tiene un exceso de explicaciones en su segundo acto, detallando cosas que ya han quedado perfectamente claras anteriormente. Pero dejando aparte este detalle me parece uno de los trabajos de Gilliam más solidos narrativamente. Cada elemento de la trama termina encajando por más que haya que prestar atención para entender la manera en que lo hace. Por ejempo, un comentario, aparentemente casual, de Mr.Nick sobre las marcas que lleva Tony en la frente nos dan la clave del trasfondo mitologico de Tony.
Destacar por ultimo que Gilliam recupera el espíritu Monthy Python en dos excelentes números musicales.
En resumen: Una de las peliculas si no le gustará nada a los aficionados a que les den las cosas en papilla. Quien disfrute con una película imprevisible que además de entretenerle le haga reflexionar, disfrutará con ella.
Gilliam dice que es posiblemente lo mejor que ha hecho. Posiblemente tenga razón.

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Deus ex machina

Octubre 28, 2009 · 3 comentarios

A los viejos artífices del teatro griego les gustaba dejar con la boca abierta al público haciendo que gracias a las tramoyas y a los humos, Zeus o Apolo descendiesen de las alturas para resolver de un plumazo las tramas.
Más tarde fueron misteriosos tíos ricos que dejaban una herencia que resolvía los problemas de los jóvenes enamorados.
Y vista la primera parte de la trilogía Milenio hoy en día es la informática. Una película en la que la protagonista es capaz de entrar en el ordenador de otro personaje *independientemente de que esté conectado a la red o no*. Lo que es más un periodista de investigación que no ha oído hablar de un cortafuegos ni de encriptación.
Desde luego no son los únicos culpables. Estamos hartos de ver como una vez tras otra los protagonistas introducen los datos en un buscador y aparecen de golpe las informaciones más abstrusas. Archivos perfectos de video, datos confidenciales, etc. Todo lo cual, por supuesto, rigurosamente cierto y fiable.
Nada que ver con la red que conocemos.
Sobre esto se me ocurren varias reflexiones. Por un lado la decadencia de los guionistas y la pereza del público que acepta semejantes atajos. Pero sobre todo la fuerza que tiene entre nosotros el mito colectivo de la informática.

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