Hoy no me pienso ahorcar

Octubre 19, 2007

EL SONIDO DEL SILENCIO.

Archivado en: General, ensayo — arturovillarrubia @ 7:10 pm
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“Damos un paso atrás y no decimos nada”

(David Sylvian)

¿Están todos? gracias por traerlos, Inspector. Ha sido un placer ayudarle. Un asunto sencillo pero con algunos rasgos de verdadero interés.  Le agradezco que solicitase mi ayuda porque estos asuntos de cuartos cerrados siempre son  siempre estimulantes No ha sido un verdadero desafío por supuesto como cuando Lord Foxtrot apareció envenenado en su biblioteca, tras varios cerrojos echados por dentro pero que se le va a hacer.

Vayamos al grano, os hemos reunido aquí para aclarar lo sucedido durante la madrugada de ayer. Me refiero a la manera en que  fuiste encontrado/a por tu conciencia frente a un televisor dentro de un cráneo cerrado por dentro. Recordemos los hechos del caso: la inteligencia apenas mostraba señales de vida – apenas alguna neurona se agitaba convulsivamente aquí y allá – y  el espíritu… mejor no hablemos  de ello… Basta decir que aquí somos profesionales y en este trabajo acabas viendo de todo y te acostumbras a ver las más atroces amputaciones. Ves almas que han sido tan desgarradas que apenas resultan reconocibles. Pero lo que vimos ayer fue terrible. Algunos de los tipos más duros del departamento, veteranos curtidos que llevan mucho tiempo en esto, tuvieron que ser retirados del caso porque no  lo soportaban.

A los chicos de Almacidios  les gusta encasquetar estos asuntos a los programas televisivos. Aunque es cierto que andaban por tu apartamento no seria justo que carguen con este mochuelo. En realidad aunque el culpable tuvo buen cuidado de borrar sus huellas terminó delatándose precisamente por ser demasiado cuidadoso. En el interior de tu cráneo se encontraron los siguientes indicios: un trabajo que no gusta pero al que te has resignado, una relación sin pasión, una memoria sin precisión y, en una palabra, alguien había borrado el menor indicio de poesía, cualquier evocación de una belleza que nos descubre la ilusión que es momento presente para hacernos ver la eternidad.

Solo pudo hacerlo una persona.

La única que tenía acceso a las llaves. La única que tuvo la ocasión. La única  que pudo tener un  motivo: tú mismo lector/a.

¿Y ahora que lo sabes que vas a hacer?

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