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“En algún lugar hay un cielo más azul “
(David Bowie)
Hace algunos años se decía que el sistema prefería hombres casados porque un soltero era capaz de rebelarse pero un hombre casado con hijos que mantener aceptaría lo que fuese sin rechistar. Ahora lo ha sustituido la hipoteca. Nuestros antepasados medievales nos aventajaban en inteligencia: se convertían en siervos a cambio de un techo pero también de una fuente de ingresos. Nosotros no somos tan exigentes al aceptar las cadenas y asumimos las obligaciones sin los medios para hacerles frente.
La razón es la liberalización brutal del mercado de alquileres que representa que en cualquier momento te puedes quedar sin un techo bajo el que cobijarte. Anda por ahí una supuesta plataforma – Compuesta por “mileuristas” lo que siempre me ha recordado la hija del marques que amaba a alguien de clase humilde :un miserable vizconde- para la vivienda digna que reclama ayudas y más ayudas estatales lo que no es más que hacer el juego a quienes están dispuestos, por un precio, a construirlas.
Esta por hacerse es una reflexión a sobre la función social de la vivienda y darnos cuenta, antes de que sea demasiado tarde, de que el dinero no es todo y que el cemento es la droga más dura que hay y que como país somos unos adictos terminales.
Si esto sigue así este país se va a convenir en una macro-pesadilla urbanística sin un solo espacio natural, en un mar de ladrillos en los que todos nos ahogaremos menos aquellos a los que convertimos en millonarios.