Un fantasma, ya bastante desvaído, recorre las páginas del papel couche: el hombre metrosexual. Se le define por lo general como un nuevo modelo de masculinidad, uno que no es antagónico con cultivar el propio atractivo y que resulta antagónico con el tradicional desaliño indumentario del hombre carpetovetónico. Los frutos de todo este revuelo parecen, a primera vista, minúsculos: si, como varón, deseo tener una piel sana y atractiva tengo ahora mismo a mi disposición al menos dos gamas completas destinadas al efecto. Por un lado esta la crema Nivea for men, con la partícula de moda Q10, y por otro, L´Oréal ofrece una crema antifatiga con vitamina C.
Ambas cremas están diseñadas para usarse después del afeitado así que no parece un cambio tan grande excepto que si lo es porque representan un nuevo paso en el avance de la idea de que el cuerpo masculino puede ser algo bello destinado al placer, en lugar de algo solidó y fuerte destinado al trabajo y a la procreación era, hasta hace muy poco, anatema. Que grandes multinacionales hayan emprendido la batalla por este mercado indican que ha habido un cambio profundo de actitudes ante el cuerpo masculino que ha hecho posible, en primer lugar, la existencia de dicho mercado.
Y en cualquier caso, estas cremas es un paso menor en comparación con el hecho de que los tradicionales gayumbos blancos parecen haber perdido definitivamente la batalla frente a una amplia gama de calzoncillos de fantasía. Prendas que parecen haber sido diseñadas más para ser vistas – por lo general gracias a vaqueros de cintura baja- que para ser vestidas. La lencería masculina esta entre nosotros y goza de buena salud. El tan denostado dandismo – un hombre de verdad esta por encima de preocuparse que pantalones le favorecen, maldición- parece haberse instalado definitivamente entre nosotros. Arturo Fernández sigue llenando plateas, y ejerciendo de seductor, a una edad en la que la mayoría de nosotros estamos más preocupados por los pañales de nuestros nietos y no parece que los elegantes pasos de baile de Fred Astaire vayan a caer en el olvido como ha sucedido con tantos de sus coetáneos.
Quien piense que todo esto es un signo de que nos encontramos ante la decadencia de la civilización occidental debe ser consciente de que nuestros metrosexuales parecen auténticos desarrapados frente a gente como el dandy por antonomasia, Beau Brummell que empleaba cinco horas en vestirse y sacaba brillo a sus botas con champán. ¿Ridículo? Seguramente. Pero fue Brummell quien, como arbitro de la moda de la Inglaterra del XIX, quien estableció que el atuendo más elegante para el varón era el frac. Y no parece que este vaya a desaparecer de las ocasiones de gala en el futuro inmediato.
En el fondo, el rechazo de está tendencia es causado por un temor ante la sexualidad femenina que, desde la incorporación masiva de la mujer al mundo del trabajo en occidente, viene reclamando un lugar bajo el sol. El primer signo de este cambio es la presencia de hombres, como James Dean, Kart Cobain o Chet Baker, que con sus trágicos destinos encarnan el ideal de la belleza frágil Avatares todos ellos de Endimión, amado por la diosa Selene, son figuras observadas en la distancia y una parte fundamental de su atractivo es que no pertenecen a este mundo.
¿Pero que es lo que desean las mujeres de los vivos? Hay esta, como diría Cantinflas, el detalle.
Se hacen y se pierden fortunas intentando responder a esa pregunta.
Si volvemos la vista hacia el oeste, hacia la Fabrica de los sueños que es Hollywood , observamos que los reyes de las taquillas actuales son hombres como Tom Cruise, Keanu Revees o Brad Pitt que solo por su atractivo físico son capaces de garantizar la afluencia de publico a sus películas.. Su capacidad como intérpretes puede ser discutible, y discutida, pero no la perfección de sus facciones o el hecho de que exhiben cuerpos que no estarían fuera de lugar en los frisos del Partenón. (Y recordemos que Grecia era una cultura donde el deseo femenino tenía tanta legitimidad que una de las leyes de Solón obligaba a los adolescentes a ejercitarse desnudos frente a las hembras “para que no hubiese decepciones la noche de bodas”) Los músculos hipertrofiados de los héroes de las películas de acción del siglo pasado han sido sustituidos por los músculos largos y elegantes del corredor, del nadador o del ciclista. Hombres cuyo aspecto físico apunta no solo a la fuerza, sino también a la resistencia o a la flexibilidad. Capaces no solo de recorrer mayores distancias en la autopista del amor sino también de conducir con más precisión. Y es que, como nos dice la publicidad de una conocida marca de neumáticos, la potencia sin control no sirve de nada.
Pero no es suficiente con un cuerpo más o menos perfecto.
Estos reyes de la taquilla alternan cuidadosamente su paso por superproducciones donde exhiben cuerpos que a los hombres corrientes nos hacen mascullar que esta vez va en serio y nos vamos a pasar el día en el gimnasio , con películas de menor presupuesto donde nos muestran una faceta diferente. Sin ir más lejos el propio Pitt ha interpretado a asesinos psicópatas, fumatas o –en mejor papel de su carrera- un taimado boxeador gitano de dicción ininteligible.
Son todos herederos de Marlon Brando, cuya interpretación en “Un tranvía llamado deseo” marca un antes y un después en como se ve el cuerpo masculino en las pantallas de cine. Su interpretación destila una fortísima presencia sexual que atrae a Blanche Dubois como una llama atrae a una polilla.
Por debajo del brillo de las estrellas, hay una vena de oscuridad. Pueden ser, nos sugieren, hombres imprevisibles, desinhibidos que conocen el lado oscuro de la vida. Entre las adolescentes triunfan hombres capaces de transmitir una aureola de peligro.
Quizá por eso, uno de los rasgos más demandados por ellas en las secciones de chica busca chico son los tatuajes y los piercings. El cuero negro – que el propio Brando convirtió en un icono- parece haber perdido terreno ante el nuevo tribalismo. Los iconos del rock contemporáneo son gente como Anthony Kiedis, de los Red Hot Chili Peppers, con su melena al viento, sus tatuajes y su torso bien definido o Bruce Springsteen, cuya definitiva consagración en el imaginario femenino fue la portada de “Born in the U.S.A” que no mostraba su rostro sino sus nalgas.
El éxito de los hombres con un cuerpo trabajado apunta al hecho de la mujer parece haberse hartado de que hombres desastrados le exijan tener el aspecto de una supermodelo (En sesión, por supuesto. Nadie quiere tener cerca a una supermodelo el lunes por la mañana sin maquillar). Este es tanto un rasgo de físico como del carácter ya que es algo que cualquiera puede alcanzar con disciplina y es que tan importante como el cuerpo es el espíritu o si se prefiere el carácter y últimamente se han escrito bibliotecas sobre las mujeres esperan de los hombres a este respecto.
Me refiero, por supuesto, a la novela romántica que se ha convertido en un genero que mueve millones de ejemplares.
El rasgo más característico de esta literatura es que se nota una nostalgia del hombre de una pieza. No se critica tanto el hombre dominador como el hombre hombre mezquino que impone un criterio equivocado, no se critica al hombre que habla demasiado tanto como el que no sabe escuchar. Se busca, en una palabra, la inteligencia, entiéndase tanto en su sentido tradicional como en el sentido de inteligencia emocional. No es el hombre que no llora sino, como Rick en “Casablanca”, al hombre que llora enfrentado a una pena que le devora por dentro y no por cualquier tontería como que se le ha rayado el BMW.
Y como estamos en el país de la fantasía lamben todo lo demás: ese cuerpo trabajado que mencionaba antes y, por supuesto, la calidad como amante.
Así que al final de todo este trayecto nos encontramos con el viejo concepto clásico de una mente sana en un cuerpo sano. Es lo que las mujeres esperan de los hombres y , si somos medianamente sensatos, lo que los hombres cultivaremos en nosotros mismos.
“¡No temas, Oh Musa! Costumbres nuevas y días nuevos te reciben y te rodean,Y claramente te digo que una extrañísima raza de nuevas hechuras,Y sin embargo sigue siendo la vieja raza humana, la misma por dentro y la misma por fuera,Con idénticos rostros y corazones, con idénticos deseos y anhelos.Buscando el mismo antiguo amor y la misma antigua belleza.”Walt Whitman
Me temo que se trate de una búsqueda inútil y, a la postre, casi siempre insatisfactoria.
Comentario por manu — Octubre 31, 2007 @ 9:33 am