Hoy no me pienso ahorcar

Octubre 31, 2007

TEATRO DE LOS SUEÑOS

Archivado en: ciencia ficcion, cine, literatura — arturovillarrubia @ 6:49 pm
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Mientras su barco se aproximaba al puerto de Nueva York en 1921, Fritz Lang soñó con una ciudad en la que siempre era de noche porque sus edificios ocultaban el propio sol. El sueño se volvió visible para el resto de la humanidad con Metrópolis (1926), la primera gran película de ciencia-ficción. La fuerza de sus imágenes es tan grande que reaparecen una y otra vez a lo largo del siglo XX en películas como Blade Runner, Gosht in the Shell o El quinto elemento. E, incluso, uno de los proyectos de expansión urbanística de Tokio, el proyecto de ciudad robotizada Alice City, adopta esencialmente esta silueta.¿Se trata de una invasión de la realidad como la postulada por Borges en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius? No exactamente, el proceso tiene varias facetas que veremos a continuación. Como escribió Asimov, la ciencia-ficción es la rama de la literatura que acepta la realidad de los cambios, su inexorabilidad. Los cambios pueden ser de muy diverso tipo.

En primer lugar, nos encontramos ante un cambio tecnológico, cuando las películas o los libros nos muestran una tecnología que está a la vuelta de la esquina. Los ejemplos abundan: Asimov, en su serie de las fundaciones, nos muestra calculadoras de bolsillo en la década de los cuarenta, Heinlein, en los cuentos de su serie de la historia del futuro, nos presenta en los años treinta puertas corredizas o contestadores automáticos. Los escritores, que suelen tener una formación científica, extrapolan una tecnología posible.

A veces, el intervalo entres ambos procesos es mínimo, los scaners de uso médico eran una especulación mientras se rodaba Alien (1979) y una realidad cuando se comercializó la película. A veces, se reúnen en una sola persona: Arthur C. Clarke creador de 2001 es también el padre del satélite de comunicaciones.

El principal riesgo de estas predicciones es quedarse cortas. “Lo peor de este asunto de predecir avances tecnológicos”, escribió Heinlein, “es que existe una tendencia casi insuperable a ser demasiado tímidos. En casi todos los casos, las profecías razonables a lo Julio Verne se han equivocado al situar el avance tecnológico demasiado alejado en el futuro”.

El proceso puede darse a la inversa. Asimov cita al físico húngaro Leo Szilard que a mediados de la década de los treinta concibió la idea de una reacción en cadena que podría causar una explosión atómica. Szilard persuadió a Einstein de que esta posibilidad debía ser investigada. Einstein a su vez convenció a Rooselvet con las consecuencias de todos conocidas. Pues bien, Slizard se inspiró en la lectura de un relato de Wells publicado en 1902.

Por supuesto, el siguiente paso es imaginar el impacto que esta tecnología futura tendrá en la sociedad, la forma en que es asimilada.. Julio Verne en “Paris en el siglo XX”, escrita a mediados del siglo XVIII, predice el fax pero también los atascos del tráfico y una sociedad futura en que el francés está desapareciendo sustituido por el mayor dinamismo del inglés.

Este impacto social puede ser negativo, la secta Aum de la Verdad Suprema, responsables del ataque con gas sarin al metro de Tokio, encontraron su inspiración en los antes citados libros de la fundación de Asimov, su guru Shoko Asahara se veía a sí mismo como la encarnación de Hari Seldon. Es el equivalente, en el campo de la ciencia-ficción, de la obsesión de Charles Mason por el álbum blanco de los Beatles.

Por supuesto, hay una faceta más profunda que abarca el arte o la filosofía. En su libro, Vermillion Sands (1971), J. G. Ballard imagina cloro-floristas que venden esculturas sónicas que crecen entre los corales anticipando la obra de Brian Eno y ala escuela de música ambiental que le ha seguido.

En esta misma línea, se encuadraría la obra visionaria de Olaf Stapleton, “Los últimos y los primeros hombres”, en que imagina una humanidad futura que se ha unido en una única entidad por medio de la telepatía. La capacidad colectiva de esta nueva entidad supera con mucho a la de sus componentes individuales. Pues bien, la lectura de los libros de Stapledon, inspiró a Irving J. Good, las bases de la arquitectura paralela en ordenadores que actualmente utiliza, por ejemplo, el proyecto Seti .

En ultima instancia, todo lo que hemos descrito es fruto, en palabras del maestro Eco, de la tensión utópica del género. “Y por consiguiente, nos parece típico de la science fiction, precisamente porque trata siempre de imaginar las soluciones posibles de datos actuales, el desembocar en una critica positiva …”. En efecto, al final de Blade Runner, Roy Batty manifiesta su humanidad, 2001 culmina con el nacimiento de un bebé e incluso Metropólis se despide con un apretón de manos. Así que, por aterradores que puedan resultar, no debemos temer los cambios y esto es algo que todos necesitamos escuchar alguna vez.

 

  

2 comentarios »

  1. Lo que has descrito es una de las grandezas, a mi entender, de la ciencia ficción, anticiparse a la realidad, mostrarnos (con más o menos acierto) retazos del futuro.

    Comentario por manu — Octubre 31, 2007 @ 10:32 pm

  2. [...] Teatro de los sueños. Tagged with: apocalipsis, ciborg, ciencia ficcion, cine, evolucion, hombre maquina, LIBROS [...]

    Pingback por Visiones de una humanidad futura. « Hoy no me pienso ahorcar — Noviembre 29, 2007 @ 1:11 pm

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