Ya lo dice Shark, nunca hay que subir a tu cliente al estrado si vas ganando. Pero si representas a la mujer más bella de tu tiempo y está envuelta en un asunto en el que se mezclan prostitución, religión y política, puede ser la única alternativa posible.
Friné era una de las hetairas más famosas del mundo griego. Amante y musa de Praxiteles sirvió de modelo para su escultura de la Venus de Cnido que vemos a continuación.
Las hetairas no eran las anónimas y explotadas trabajadoras del sexo que conocemos ahora. Eran mujeres con carácter e ideas propias y las dueñas de su propio destino. Para destacar en ese mundo no bastaba con la belleza era necesario tener inteligencia y un carácter fuerte. Tampoco eran geishas ya que eran compañeras que se consideraban iguales a los hombres.
En el caso de Friné habría que añadir un exquisito sentido del espectáculo. Todos los años se bañaba desnuda en la costa en sitios que se daban a conocer con la suficiente antelación y llego a oficiar los ritos de Afrodita sin ser sacerdotisa.
Esto provocó que fuese acusada de impiedad.
La misma acusación que llevo a Sócrates a la tumba.
Ni que decirse tiene que la cosa tenia muy mala pinta. El jurado parecía plenamente convencido de los argumentos de la acusación. Sin embargo, su abogado Hipérides no parecía preocupado.
Al llegar su turno, en lugar de intenta desmontar los argumentos de la acusación hizo subir a su representada al estrado.
Un vez allí, arrancó la leve túnica que la cubría dejándola completamente desnuda a la vista del jurado y se limitó a hacerles la siguiente pregunta.
-¿Cómo puede ser impía una mujer que tiene formas de diosa?
No creo que sorprenda a nadie saber que el jurado, compuesto exclusivamente por varones, la absolvió por unanimidad.

Qué se podía esperar de un jurado compuesto por hombres
Comentario por manu — Noviembre 17, 2007 @ 2:16 pm
[...] Una defensa visual. [...]
Pingback por OJOS QUE NO VEN, MANOS QUE NO SIENTEN « Hoy no me pienso ahorcar — Noviembre 25, 2007 @ 3:20 pm