Lo que es más en “Pantalla Panorámica”
Ayer viernes estuve hablando con un grupo de amigos para el programa que dirige David Felipe Arranz para Radio Cervantes. El tema fue la presencia y tratamiento del maligno en la gran pantalla tanto en el cine español como en el extranjero.( La emisión esta prevista para dentro de un tiempo)
Se dio un repaso a los sospechosos habituales en este tipo de conversaciones, de “La semilla del diablo” al mefistofélico Aníbal Lecter, y se constato la tendencia a tomarse al maligno a chirigota en el cine español, de “El diablo toca la flauta” a “El día de la bestia”. ( Más tarde he recordado al “alguacil alguacilado” de Quevedo)
De las opiniones vertidas comparto especialmente la de Cristina Marsillach, apoyándose en una cita de Jung, de que el diablo tiende a ser una presencia superflua en tanto lo llevamos dentro de nosotros. Al hilo de lo cual apunte una reflexión que me gustaría compartir.
Es sorprendente la escasez de matices con las que ha sido tratado el tema en el cine en comparación con la literatura. En el cine apenas se sale del genero del terror “El diablo dijo no” de Lubistch que para mi está claramente influenciado por la ética diabolista de Bernard Shaw. En la inmensa mayoria de los casos el diablo es una gran sombra en la pared, un espantajo, el hombre del saco, que al externalizar el mal y reducirlo a sus presentaciones más burdas se convierte ante todo en un calmante para el espectador. Es el diablo quien nos obliga a hacer esas cosas terribles. Por contraste en literatura el tema ha sido tratado con una extensión y profundidad mucho mayores. Nuestro satírico “Diablo cojuelo”, la exploracion de la paranoia de “El joven Goodman Brown” de Hawthorne, el diablo gnostico de Flaubert, la critica al materialismo de “El maestro y Margarita“, los rebeldes aristocráticos de Milton y Goethe, la reflexión sobre la vacuidad del placer de Shaw y el que es para mi el libro más relevante sobre el tema “Las cartas del diablo a su sobrino” de C.S.Lewis,.
Debemos imaginar el infierno como una situacion en la que todo el mundo está constantemente procupado con su propia dignidad y su progreso, donde todo el mundo tiene una queja, y donde todo el mundo vive con una seriedad mortal las pasiones de la envidia, la egolatria y el resentimiento.
Por desgracia suena conocido.
