Nuestra actitud ante los secretos es ante todo ambivalente. No tener secretos el uno para el otro es el privilegio de los enamorados. Lo que implica que el resto de los mortales estamos llenos de secretos los unos con los otros.
Y se supone que esto no es bueno.
Cuando las personas tienen un hálito de misterio las considerados atractivas peor si alguien está lleno de secretos, ¡cuidado! es un persona peligrosa. Los secretos son algo que es mejor ocultar, que no deseamos que salgan a la luz…
Nos han condicionado para pensar que las personas que guardan secretos son indignas de confianza. Sin embargo y como apuntaba Gracian, las personas que saben guardar un secreto se demuestra ser digno de la confianza de los demás. Y si se saben guardar los propios secretos se es fiel a si mismo.
En ultima instancia, las personas que más odian los secretos ajenos son los jefes autoritarios y , sobre todo, los cotillas.