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Recientemente nos ha abandonado el último de los llamados tres grandes, los autores que hicieron más que nadie desde H.G.Wells para que la expresión “literatura de ciencia ficción” no fuese un oxímoron. Los otros dos componentes del trío fueron Robert Heinlein e Isaac Asimov. Al igual que Asimov y Heinlein el éxito posterior de sus novelas ha eclipsado el hecho de que los tres fueron maestros del cuento corto. La obra breve de Clarke está recogido en antolologias muy accesibles – es especialmente recomendable ” El viento del sol” en Alianza Editorial- y en el nos encontramos con una muy sólida construcción de los argumentos – Clarke cultivaba los finales sorpresa al estilo de O´Henry- y una versión agridulce, salpicada de una ironía y un humor negro, a veces terrible, de la condición humana. |
El tema recurrente de los cuentos de Clarke – que anticipa a sus novelas – es el conflicto entre los limites de la mente humana racional y un universo que escapa a la comprensión En este sentido se pueden citar dos de sus cuentos más famosos : “Los nueve mil millones de nombres de Dios” que describe los tremendos resultados de la unión entre misticismo y ciencia en un monasterio tibetano y mi favorito “La estrella” que describe la angustia de un sacerdote que encuentra la verdadera naturaleza de la estrella de Belén.
En novela se hizo conocido por obras como “El fin de la infancia” que describe el paso de la especia humana a su siguiente estadio evolutivo. Como prueba del impacto de esta obra decir que fue homenajeada por el grupo psicodelico por excelencia, Pink Floyd. Hay un contraste curioso con escritores posteriores como William Gibson. Mientras que Gibson salpica sus obras de referencias a la cultura de rock del momento, en un intento de conseguir lo que los anglosajones llaman credibilidad callejera, Clarke formó parte de esa cultura. Era un habitual del Hotel Chelsea donde se cruzaba con Kerouak, Leonard Cohen o Janis Joplin. vivir en ese ambiente bohemio al parecer le costó cierto esfuerzo de adaptación a un ingles sensato, racional y de costumbres regulares. El momento de gloria de dicha capacidad fue su colaboración con un genio irascible como fue Stanley Kubrick en “2001: una odisea espacial” una de las obras claves de la década de los sesenta y la obra que convenció al gran publico de que la ciencia ficción era algo serio ( Siendo el extremo opuesto “La guerra de las galaxias”de George Lucas).
De su obra posterior ha tenido especial relevancia “Cita con Rama” que una vez más describe el encuentro con lo desconocido en la forma de un gigantesco artefacto alienígena – de origen y función desconocidas- que irrumpe en el sistema solar.
La consideración de la obra de Clarke se ha visto un tanto disminuida por las continuaciones – cada vez más flojas- de su obra más famosa, “2001″. Pero eso no debe ocultar todos los demás libros valiosos que nos ha dejado. Quien se acerque ahora a “El viento del sol”, “El fin de la infancia” o “Cita con Rama” difícilmente quedará decepcionado.

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