La vida ( social) es una tómbola.
Los comentarios en este blog están sujetos a moderación. Antes de ser publicados los reviso. No tengo ningún problema con que alguien este en desacuerdo conmigo pero lo que no admito son los insultos. De ahí el tema de esta nota que es que estoy notando con cierta preocupación como parecen estar tomando carta de naturaleza en nuestra vida social.
Por supuesto quien insulta no pasa una en lo relativo a si mismo y veo que está operando un doble rasero de medir que no es de recibo. Se ve en política donde la oratoria parece estar prácticamente muerta. Donde los políticos del siglo XIX intercambiaban puyas más o menos ingeniosas, los del XXI intercambian insultos que darían vergüenza ajena en el patio de un colegio por lo pobres. Como Cyrano, nos encogemos de hombros y preguntamos si eso es todo. El último gran discurso de la democracia – que por contenido y formas caló en la opinión publica- fue ese “puedo prometer y prometo” de Adolfo Suárez. Después de aquello, el páramo más yermo.
Un síntoma de lo que anda mal es que cuando ZP habló en el Parlamento con ocasión de la aprobación del matrimonio de personas del mismo sexo, recurrió a un grandísimo poeta de nacionalidad griega. Creo que debería haber sido un texto de un poeta español de la generación del 27 que por respeto al lector/a, sin duda sabe a quien me refiero, no mencionaré.
La niña de Rajoy fue objeto del escarnio generalizado no tanto por su contenido ideológico sino por la pobreza de las formas.¿Pero que decir de un Presidente del Gobierno que se remite a una película de Hollywood , independientemente de su calidad, en el debate del que dependen las elecciones? Esto, y me refiero a la conducta de los dos candidatos, sería impensable en Francia o Inglaterra.
El problema, como sabe cualquier profesor, es que bajo la pobreza de lenguaje encubre una pobreza de pensamiento. Y de la pobreza de pensamiento nace la incapacidad de actuar lo que es muy grave en personas que quieren dirigir los destinos de la nación.
Una muestra verdaderamente lamentable fue la encuesta del día del libro que prácticamente no dejaba títere con cabeza en todo el arco político. Uno veía como Rajoy declaraba como libro favorito una obra menor de Ortega y se quedaba con ganas de que alguien le preguntase porque prefería ese libro a obras de mayor calado. Pero inmediatamente lo desbancaba el Ministro de Cultura remitiéndose a la Eneida pero solo al libro V, que se dice pronto. Y a continuación Rosa Conde se descolgaba con que su libro favorito es un best-seller entretenido pero simplón como “Los Pilares de la tierra”.
No sé que me preocupa más si la postura del snob o la del populista. Porque tengo que reconocer que como todo aficionado a la lectura me formó opiniones sobre la gente en base a la cantidad y calidad de los libros que tienen entre manos.
Pero como digo son síntomas. Acaba de publicarse un nuevo libro de Carlos Ruiz Zafón al que por supuesto deseo la mejor fortuna comercialmente, pero que si es digno sucesor de su antecesor será una novela de entretenimiento ligero , construida con oficio, con sus buenos y sus malos claramente señalados y por lo tanto no me interesa en lo más mínimo. Prefiero dedicar mi tiempo de lectura a obras que quizá cueste más esfuerzo leer pero que me hagan aprender algo sobre mi mismo o sobre el mundo. Pero contemplo con preocupación como afirmaciones de este tipo – que estos son libros simplones parte de cuya popularidad procede de que son aptos para ser leídos en pequeñas dosis en transportes públicos - se están volviendo “políticamente incorrectas”.
Lope , un clásico y un autor cuya popularidad abarca los siglos, dijo hablando se su forma de escribir que
Semejante reflexión sería el suicido comercial de un autor actual por más que la mayoría no se aparten mucho de lo que se dice en “El arte nuevo de hacer comedias”
Pero es la verdad, vivimos en una época que a nivel intelectual es sustancialmente menos sofisticada que la de nuestros abuelos y abuelas. Por eso cuando hay que plantear temas positivos se dicen vaguedades y en lugar de criticar con argumentos, se insulta.
¿Será posible que terminemos como en Fahrenheit 451 ? me refiero a los libros que nos hacen pensar…
Comentario por luz — Mayo 7, 2008 @ 8:56 am
Yo soy pesimista.
En la practica los libros que hacen pensar arden en las llamas de la indiferencia de quien ni siquiera sabe que existen.
Comentario por arturovillarrubia — Mayo 7, 2008 @ 5:10 pm