Es curioso como en la vida y en la muerte no somos iguales.
El fallecimiento de Farra Fawcett ha sido completamente eclipsado por la atención de los medios por la desaparición de Michael Jackson.
Por un lado nos encontramos con una mujer mayor que una vez fue considerada como una de las más bellas, que consiguió reconvertir su carrera hasta cierto punto en actriz de carácter con tres nominaciones para los premios Emmy y que ha muerto tras tres años de lucha contra una enfermedad espantosa que por desgracia no es desconocida para casi nadie en el mundo actual.
Por otro lado, alguien que fue víctima de tener el mundo a sus pies. Gore Vidal comentaba reflexionando sobre “Las vidas de los doce cesares “de Suetonio que era digno de destacar la variedad de caracteres de los Cesares – uno era un burócrata, otro un poeta, otro un soldado…” y a pesar de ello todos se volvieron locos. Hay algo en la psique humana que impide que funcione cuando todas las limitaciones en tu entorno desaparecen, cuando nadie te puede decir que no a nada.
En este sentido Jackson fue sin duda un Cesar moderno, el enorme éxito de su disco “Thriller” y la intensa campaña de relaciones públicas durante los ochenta lo han convertido en un personaje de gran relevancia mediática y su fallecimiento parece estar convirtiéndose en un filón.
No me cabe duda cual es la diferencia entre su caso y el de Farra Fawcett: el morbo y la polarización de las opiniones.
Por un lado tenemos a quien se dedica a escarbar en los detalles sórdidos que desde luego no faltan. Desde sus problemas con la justicia hasta sus innumerables operaciones de cirugía estética. Se ha comentado como renegó de su raza. Curiosamente se comenta menos que también lo hizo con su música, autoproclamándose rey del pop quien era un cultivador del soul y el funky.
Por otro lado los fanáticos de los cuales poco puedo decir excepto que me parecen formar parte de una secta.
Y por ultimo y quizá lo más irritante los superlativos gratuitos. He leído asombrado que se le compara como bailarín a Fred Astaire. Puede que lo fuese, puede que no pero no los sabemos. Una vez que salto a la fama no hizo más que repetir los mismos pasos.
Se habla de su enorme influencia en la música lo cual es igualmente discutible.
En cualquier caso se está siguiendo el asunto como digo por puro morbo de ver una estrella caída y despreciada.
Y sobre todo porque no siendo uno de esos admiradores cuasi-religiosos es difícil sentir simpatía hacia su figura o lamentar su desaparición más alá que se lamenta la desaparición de cualquier ser humano anónimo.
Es por eso que toda la batahola mediática me parece malsana y en lo que a mí respecta haré lo posible por no enterarme de nada más.
3 respuestas hasta el momento ↓
Rosana // Junio 29, 2009 a 9:40 am
No habrá muchos que “te acompañen en el sentimiento”, pero yo sí. A los 9 años ya me habían regalado – por equivocación y ¡santa equivocación! – un disco de Creedence, así, cuando mi hermana oía sin parar una música dulzona y repetitiva que no paraba de decir “mamy blue, mamy blue” yo corría por la casa gritando, con las manos en los oídos y, como tú, ahora, no quiero saber de un tema que nada me interesa. ¡Qué pesados! Y sí, lo de Farah sí que es lamentable… ¡Vaya tía!!
arturovillarrubia // Junio 29, 2009 a 6:54 pm
Hmm… Rosana. Te tengo que grabar algo de George Clinton, Funkadelik o Cameo para que te hagas una idea de como sonaba la musica negra en la epoca de gloria de MJ.
al // Junio 29, 2009 a 9:05 pm
Estoy de acuerdo contigo hasta en la muerte todo se justifica como si de repente se le perdonara todo nunca lo entendere.La verdad admiro mas la lucha por vivir de la rubia de los a. charlie y me parece una perdida la muerte de benedetti.