Lo que nos enseñan los animales
Aladino se arrepiente de su imprudencia. Ha seguido a los cuarenta ladrones hasta el interior de su caverna y ha visto el tesoro que quiere robar. Se ha deslizado hasta la puerta de la caverna e intentar recordar la palabra mágica que le permitirá salir al exterior. Pero no la recuerda. Oye pasos de botas que se acercan e intenta desesperadamente hacer memoria.
Nos orgullecemos de nuestra supuesta separación de la naturaleza. De nuestra ilusoria capacidad de proyectarnos en el tiempo, cuando en realidad ignoramos las consecuencias de nuestros actos. Y la principal consecuencia de nuestros actos en la insatisfacción. Es posible que el dinero de la felicidad – no podría decirlo porque no lo tengo- pero desde luego el consumo por el consumo, el deseo de ser admirado por lo que tienes no por quien eres o lo que consigues no conduce a ningún sitio.
Los sabios siempre lo han sabido. Cuentan del poeta sufi Rumi que en una ocasión fue invitado a una fiesta y como iba muy modestamente ataviado no le dejaron entrar. Volvió a casa y regreso con sus mejores prendas, incluyendo un lujoso abrigo. Ahora si le dejaron entrar. Cuando estaba sentado en la mesa del banquete, metió la manga del abrigo en la sopa y le dijo al abrigo que tomase la sopa como un invitado cortés ya que el que había sido bien recibido era el abrigo.
Pienso en todas la cosas que supuestamente me faltan y miro como mi gato ronronea feliz. Hace una tarde soleada, está bien alimentado y tiene un sitio cómodo donde cobijarse. Esta rodeado de sus seres queridos. Solo necesita vivir con plenitud el momento presente.
Aladino mira a un lado y a otro hasta encontrar un lugar donde ocultarse de los ladrones. Se ocultará en las tinieblas hasta que pase el peligro y buscará una salida alternativa de la cueva. Hay un rayo de luz más al fondo y una corriente de aire que procede de un lugar más elevado y libre.