Hoy no me pienso ahorcar

Enero 22, 2008

Ese arma de doble filo: la belleza

Archivado en: relaciones, sexo — arturovillarrubia @ 12:26 pm
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Personalmente no me gusta escuchar conversaciones ajenas pero a veces es difícil de evitar. En realidad a veces no puedes evitarlo. No se en el resto de España pero en Madrid se han puesto de moda dos costumbres groseras: una es hablar a gritos por el móvil aunque estés en un vagón de tren lleno de gente que no tiene porque aguantar tus gritos -  y quien lo hace jamás está hablando de nada importante ni urgente- y otra es que los adolescentes- y algunos no tan adolescentes- se reparten en asientos separados a distintas alturas del vagón y se ponen a hablar también en voz alta. Y no. Tampoco es que tengan conversaciones especialmente interesantes.

Así que el otro día no pude evitar escuchar como dos chicas adolescentes comentaban las faenas que les había hecho una tercera que , según lo que contaban, era un elemento de cuidado. No devolvía el dinero ni la ropa que la prestaban,  no devolvía las llamadas,  gorroneaba saldo de móviles ajenos por no hablar de tabaco, acudía tarde a las citas, repetía en publico las cosas que le habían dicho confidencialmente y coqueteaba descaradamente con los chicos que les gustaban a las demás únicamente para que no se fijasen en otras que no fuese ella.

Uno se preguntaba porque demonios eran amigas de semejante joyita cuando el tema se cerró con un contundente.

- Pero es guapa la tía.

- Hay que joderse.

Desde que tengo uso de razón he visto como hombres cegados por la belleza femenina aceptan comportamientos que jamás aceptarían en otro hombre. ¿ Pero porqué tendrían que aceptarlo otras mujeres?

Creo que es un signo de los tiempos.

Volvamos un poco atrás en el tiempo y nos encontramos con la película “Grease” donde en la canción “Beauty School drop out” se dice en términos muy claros a uno de los personajes femeninos que no puede esperar conseguir nada en la vida solo por ser guapa… a no ser que se haga puta.  Hoy en día se haría modelo de pasarela.


Que algo tan pasivo se haya convertido en  en un modelo para miles de adolescentes resulta cuanto menos preocupante.  No quieren ser Madame Curie, ni Juana de Arco, ni  Amelia Earhart, ni Ana Maria Matute, ni Doris Lessing, ni Esperanza Aguirre o Maria Teresa Fernandez de la Vega, ni Anne Leibowitz, ni la Madre Teresa de Calcuta,ni Agatha Christie… de toda la amplia gama de experiencias a las que puede aspirar una mujer lo que desean es pasear con ropa  demasiado apretada ante muchos desconocidos por muchísimo dinero.

Lo que es más, el ideal de belleza femenino que promueve el mundo de la moda es en si mismo un símbolo de status perverso: esas mujeres con esos palillos por brazos no pueden hacer prácticamente nada por si mismas. Eso quiere decir que tienen a quienes lo hagan por ellas. Al igual que las damas de principios del siglo XX se ponían  parasoles porque eran  las vulgares mujeres de clase trabajadora las que estaban al sol, las modernas burguesas cultivan la delgadez porque hay otras personas que les cargan los paquetes y les abren las puertas.  Y si se están destrozando la salud , como hacían sus abuelas bebiendo vinagre, lo mejor es que corramos un tupido velo y no discutamos a fondo el asunto. En realidad el modelo de este tipo de mujer Audrey Herpburn tenia el físico que tenia a causa de una enfermedad infantil.

Dice el psicologo Steve Pinker, criticando al feminismo, que las adolescentes realmente buscan este aspecto por el prestigio social y “para captar la atención de hombres poderosos”(sic), sin darse cuenta de lo denigratorio para la inteligencia y caractér femenimo que resulta el comentario.  Implica entender que las mujeres no tienen la capacidad de alcanzar posiciones de poder por si mismas. Y por supuesto se buscan justificaciones de corte pseudo-biologico para ese punto de vista. En el mundo real se discute la candidatura de Hillary Clinto a la presidencia de su país por ser mujer y no porque sea la persona menos adecuada para el puesto.

( Por cierto que Pinker tambien sale en defensa de la publicidad para decir que las mujeres aceptan conscientemente los estereotipos de belleza que les venden.¿ Pensará tambien que los hombres compran coches que no necesitan a sabiendas? Quedo a la espera de un estudio sobre la adicción masculina  a la velocidad.)

Normalmente se dice que las razones por las que las mujeres jóvenes  resultan atractivas es porque transmiten la señal biológica de que, no haber dado a luz lo que les permitía tener hijos fuertes y sanos. Pero el cuerpo al que aspiran este tipo de mujeres es el de una mujer que, como mucho, acaba de entrar el la pubertad. Nos horrorizamos ante la pederastia y al mismo tiempo se exige a las mujeres que deseen continuar siendo atractivas mantener el cuerpo de los dieciséis años.

Se genera así una industria multimillonaria para explotar  las inseguridades de los y las adolescentes.  Con un salario mínimo de seiscientos euros se considera normal que unos vaqueros cuesten cien. En los anuncios vemos a mujeres de una belleza espectacular preocupadas por una espinilla. El mensaje esta claro: nunca es suficiente.

La industria de la belleza es la industria de la paranoia y la falta de autoestima.

El problema es que no puedes tener dieciséis años para siempre.  Y si no que se lo pregunten a Dorian Gray.

La piedra de Sisifo es una minucia en comparación.

Otro problema es que ningún hombre adulto en su sano juicio querría pasar su vida junto a una mujer que no pasase de una edad mental de dieciséis años y no descubriese que hay cosas más importante en la vida que tener una talla treinta y ocho de vaqueros.

Y que de todos modos tener una talla treinta y ocho no justifica ser una persona grosera y mal educada que trata a sus amigas como un trapo.

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Noviembre 24, 2007

Conejitas. No, gracias.

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BIN THE BUNNY

Que queda claro que uno está completamente a favor del sexo, en cualquiera de sus variantes, comparto plenamente la frase atribuida a Freud de que la única perversión en sexo es la abstinencia y estoy completamente en contra de la censura provenga de donde provenga.

El problema es que en la vida social muchas veces debemos prestar atención a las cosas que la gente hace realmente en contraposición a las cosas que se supone que están haciendo. Este es un principio de conducta con expresiones tan diversas como La Celestina- Haz caso en lo que bien digo y no en lo que mal hago- o la Escritura – el buen árbol no da malos frutos-.

Los principios que sobre el papel defiende la revista Playboy son  en principio fáciles de compartir, el problema- como en todos los asuntos humanos- es la puesta en práctica que tiene efectos perversos.

El principal es que el estado actual de la producción erótica  esta orientada hacia los varones y se  ignora o desprecia la posibilidad de que a la mujer hablando en planta tambien le guste el sexo. O lo que es lo mismo la negación de una sexualidad femenina autónoma del varón.

Sin embargo no hace tanto -¿Recuerdan la saga de Emmanuelle?- no es que fuese algo aceptado. Es que era un tópico.

Así que en la practica el estado actual  de este tipo de producciones es de un puritanismo espantoso porque ni a los conservadores más fanáticos se les pasa por la imaginación defender que las mujeres no son capaces de disfrutar con estas cosas .Dirán que es una actividad moralmente reprochable de la que deben abstenerse al igual que los  hombres pero que es algo que si que disfrutan no lo pone en duda nadie. Excepto al parecer los pornógrafos…

Esto demuestra además una ceguera comercial grave. Esta por nacer el cine erótico para ser disfrutado en pareja -  y no con tu pareja- que estimule por igual sin distinción de sexo (Con lo cual se vuelve bastante más divertido).

Para muestra un botón: hay una pagina de fotografía cuya ventaja diferencial. La novedad que la caracteriza, es que las chicas que salen en ella parecen felices. Deduzcan Ustedes lo que implica para las mayoria de  las modelos de este tipo de fotos y lo que es peor, mucho peor, para los gustos de quienes consumen este material.

Es por eso que nacen campañas como la que puede conocerse pinchando en el vínculo superior y que denuncian realidad objetiva: la cosificación de la mujer y la violencia implícita en este tipo de material.

Noviembre 2, 2007

PARA SIEMPRE ES MUCHO TIEMPO:¿PODEMOS SER FELICES?

Archivado en: ensayo, relaciones — arturovillarrubia @ 1:19 am
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1. Bajo el signo del pájaro azul
“¿Qué derecho tenemos a ser felices?”
Ibsen

Hasta 1776 casi nadie se habría atrevido a responder de forma tajante a esta pregunta. Estaba aún en vigor la admonición de Ovidio que advertía que no se debe juzgar a un ser humano hasta llegada la hora suprema de la muerte. Los clásicos eran conscientes de la mutabilidad de los asuntos humanos que muchas veces escapan a cualquier control o previsión. Lo que es más, asociaban la felicidad al concepto de una vida plena que, como digo, sólo llegado su final puede juzgarse.

Pero gracias a Thomas Jefferson se inaugura la Era de la Felicidad posible, al incluir en la Constitución Norteamericana, un Derecho sin precedentes hasta entonces en la política comparada: el de la búsqueda de la felicidad. Gracias a Jefferson, la búsqueda de la felicidad sustituye al derecho mucho más modesto y comprensible de adquirir y conservar la propiedad, formulado por Locke.

Termina la Era de la Filosofía como herramienta de consuelo para transformarse en un arma cargada de futuro –un futuro terrible: durante el siglo XX donde se sacrifican multitudes en aras de una hipotética edad de oro venidera- y, como ineludible contrapartida de su naturaleza de derecho, nace la obligación de ejercerla. Nada más lejano al concepto de la felicidad de Epicuro quien propugnaba evitar cuantos obstáculos se interponen entre nosotros y eso tan poco respetable que llaman placer (“El placer es el principio y el fin de la vida feliz” Carta a Meneceo).

Así que quieras o no quieras, la civilización europea se ha embarcado en la búsqueda de la felicidad. No una felicidad cualquiera sino una felicidad inmediata, palpable e indiscutible. Enfrentándonos a cuantos mayores obstáculos, mejor. El problema es que nos disponemos de mapa en esta busca del tesoro.

2. Porque nosotros lo valemos
“Todos son como tú (dijo el diablo) buscando ese momento de felicidad perfecta, ese momento que nunca llegará”
Robert Bloch, That Hell bound train

Si tuviésemos que elegir el cuento de hadas más popular de todos los tiempos, juzgando por el número de versiones que existen del mismo, no tendríamos la menor duda: es el cuento de Los tres deseos (invito a cualquiera que abrigue dudas sobre la posibilidad de que un cuento de hadas este dando forma a nuestra civilización a leer a Fukuyama, según quien ha llegado la época en la que vivimos felices y comemos perdices).

Conocemos versiones cómicas, esa morcilla que va y viene de diversas narices, terroríficas y trágicas como la de Fausto. El filón no tiene visos de agotarse. Sin embargo, por más que escuchemos que el Dr. Fausto hizo un mal negocio seguimos el mismo camino: ¿qué otra alternativa tenemos que no sean nuestros viejos amigos?

Así que, al menos en Europa, nos lanzamos alegremente por la pendiente del consumo de bienes materiales para mirar a los lados sorprendidos cuando llegamos al fondo de la cuesta y descubrimos que el nuevo coche, CD, pantalón vaquero etc., no nos ha cambiado la vida. Ha nacido el consumismo: la acumulación desenfrenada de bienes de consumo. Como escribe Felix Borstein: “Hoy en día, por el contrario, el consumo es la principal actividad humana en los países ricos. Y no sólo el consumo razonable. Gran parte del mundo de la automoción o la moda (consumo individual), o de los símbolos de representación pública (por ejemplo, la arquitectura institucional) son un desperdicio de riqueza que podría ser aprovechada en ayuda al desarrollo de regiones deprimidas” (www.elmundo.es/nuevaeconomia/2004/216/1081172603.html).
Por supuesto no se trata de un fenómeno gratuito. No hacemos nada sin un motivo.

Aunque no nos atrevemos a decirlo en voz alta, son amuletos a los que estamos atribuyendo poderes mágicos. De la misma manera que una tira de papel con el nombre del espíritu adecuado nos protege del mal de ojo, llevar el nombre del modisto adecuado escrito en la corbata nos transforma en personas atractivas.
El atractivo es la clave porque si bien hay personas que se sienten cómodas entre la multitud, muchos de nosotros nos sentimos abrumados e inseguros. ¿Entre tantos otros, qué tenemos de especial?¿Qué puede hacer que se fijen en nosotros, que nos quieran, en una palabra?

Por suerte hay múltiples industrias dispuestas a proporcionarnos, por el precio adecuado, la manera de dejar de ser personas anónimas y pasar a convertirnos en los protagonistas de nuestra propia película interior. O lo que es lo mismo, todas esas cosas de las que hablaba antes no son más que sucedáneos para el amor. Pero no cualquier amor, me refiero a una de las cosas que ha hecho desgraciadas a más gente fuera de los hospitales, el amor verdadero “made in Hollywood”. (La visión edulcorada de Hollywood conforme a la cual las personas que entienden que una relación positiva es algo que tú haces y no algo que te pasa, son manipuladores y por lo tanto “malos”, ha sido una fuente de infelicidad constante para quienes han aceptado ese tipo de lavado de cerebro. Recordemos que el amor “romántico” era considerado como una forma de demencia por griegos y romanos. El mismo Ovidio que escribió El arte de amar nos advierte con socarronería que no es buena idea visitar a tu amada el día de su cumpleaños porque te va a salir muy caro).

El problema es que, como sociedad, es posible que nos hayamos metido en un callejón sin salida. La obsolescencia incorporada de los bienes no deja de ser un pilar de nuestro modelo económico (ahora llamada economía de mercado pero no hace tanto sociedad de consumo. Permítanme un ejemplo personal. Escribo este texto en un ordenador con un procesador Pentium II cuyos 233 megahercios se quedan muy atrás frente a los procesadores actuales de un gigaherzio. En alguna ocasión me han sugerido que debería actualizarme. El motivo principal seria poder utilizar los nuevos juegos de ordenador. Nadie sabe exactamente cuántos ordenadores se compran para jugar, pero lo cierto es que si nadie comprase ordenadores con ese fin. ¿Cuántos ordenadores domésticos se venderían?) y lo que es peor es posible que la propia naturaleza le haya hecho al Doctor Fausto una oferta que no podía rehusar. Existen estudios que apuntan la posibilidad de que lo que consideramos nuestro nivel de felicidad tiene bases genéticas y por lo tanto hereditario. En este sentido el neurólogo Richard Davidson, director del Laboratory for Affective Neuroscience de la Universidad de Wisconsin, (recordemos que recientemente un equipo dirigido por Cela Conde ha localizado el arrea del cortex donde reside la belleza.

Ha confirmado que tanto la felicidad como su ausencia activan zonas diferentes del cortex pre-fontral. Las buenas noticias no terminan aquí ya que al parecer estamos predispuestos genéticamente hacia las emociones positivas (Otros estudios, publicados en Scientific American, asocian la felicidad con la autoestima. Las personas que se declaran felices están satisfechas consigo mismas. ¿O es al revés?).
Pero a los pesimistas les alegrará saber que, según la sociobióloga, para la cual no hay conducta humana que no sea un resultado del juego de los genes y los memes, todos y cada uno de los elementos estudiados por Abraham Maslow es su famosa pirámide de las necesidades son en realidad mecanismos evolutivos, y de acuerdo con Robert Wrigth en The moral animal, esto garantiza que la satisfacción que reportan no sea duradera.

3. Manos a la obra
“La felicidad es una pistola caliente porque sé que cuando tengo el dedo en el gatillo nadie puede hacerme ningún daño”.
John Lennon

Y, sin embargo, persistimos en esta búsqueda porque, en realidad, no tenemos otra alternativa. La salud mental está íntimamente ligada con el hecho de que haya algo en nuestras vidas que disfrutemos haciendo. Las recetas para alcanzar la felicidad son tan variadas como autores han abordado el tema. Como escribe Manuel Rodríguez Rivero: “Unos promueven la renuncia y la moderación y, en el extremo contrario, otros claman por el goce sin freno de las cosas del mundo”.

Cualquier visita a una librería bien surtida nos permitirá descubrir bibliotecas enteras de libros que nos permiten alcanzar en cierto número de pasos (Sabes que se trata de un libro de autoayuda cuando hay un número en la portada: los tres caminos a la paz interior, los doce hábitos de la gente efectiva etc.). En realidad estos libros no ofrecen más que las ideas de los grandes pensadores pasadas por la batidora y separadas cuidadosamente de su contexto intelectual.

En semejante marasmo, es posible pasar por alto los libros verdaderamente valiosos como La conquista de la felicidad, de Bertrand Russell, quien de inmediato nos da claves de actuación bastante directas: Abomina del concepto de pecado y nos remite a lo que él considera “el signo más universal y distintivo de los hombres felices: el entusiasmo.”

He aquí una pregunta que sólo tú puedes responder amable lector: ¿Es la música barroca?¿El coleccionismo de monedas?¿Los deportes de riesgo?¿Las charlas de café con personas queridas?¿El punto de cruz?¿La alfarería? …
Sea lo que sea, el primer paso depende de ti.

Octubre 30, 2007

A LA BUSQUEDA DEL HOMBRE IDEAL

Archivado en: ensayo, relaciones, sexo — arturovillarrubia @ 8:48 pm
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            Un fantasma, ya bastante desvaído, recorre las páginas del papel couche: el hombre metrosexual. Se le define por lo general como un nuevo modelo de masculinidad, uno que no es antagónico con cultivar el propio atractivo y que resulta antagónico con el tradicional desaliño indumentario del hombre carpetovetónico.  Los frutos de todo este revuelo parecen, a primera vista, minúsculos: si, como varón, deseo tener una piel sana y atractiva tengo ahora mismo a mi disposición al menos dos gamas completas destinadas al efecto. Por un lado esta la crema Nivea for men, con la partícula de moda Q10, y por otro,  L´Oréal ofrece una crema antifatiga  con vitamina C. 

            Ambas cremas están diseñadas para usarse después del afeitado así que no parece un cambio tan grande excepto que si lo es porque representan un nuevo paso en el avance de la idea de que el cuerpo masculino puede ser algo bello destinado al placer, en lugar de algo solidó y fuerte destinado al trabajo y a la procreación era, hasta hace muy poco, anatema. Que grandes multinacionales hayan emprendido la batalla por este mercado indican que ha habido un cambio profundo de actitudes ante el cuerpo masculino que ha hecho posible, en primer lugar, la existencia de dicho mercado.

            Y en cualquier caso, estas  cremas es un paso menor en comparación con el hecho de que los tradicionales gayumbos blancos parecen haber perdido definitivamente  la batalla frente a una amplia gama de calzoncillos de fantasía. Prendas que parecen haber sido diseñadas más para ser vistas – por lo general gracias a vaqueros de cintura baja- que para ser vestidas. La lencería masculina esta entre nosotros y goza de buena salud. El tan denostado dandismo – un hombre de verdad esta por encima de preocuparse que pantalones  le favorecen, maldición- parece haberse instalado definitivamente entre nosotros. Arturo Fernández sigue llenando plateas, y ejerciendo de seductor, a una edad  en la que la mayoría de nosotros estamos más preocupados  por los pañales de nuestros nietos y no parece que los elegantes pasos de baile de Fred Astaire vayan a caer en el olvido como ha sucedido con tantos de sus coetáneos.

            Quien piense que todo esto es un signo de que nos encontramos ante la decadencia de la civilización occidental debe ser consciente de que nuestros metrosexuales  parecen auténticos desarrapados frente a gente como el dandy por antonomasia, Beau Brummell  que empleaba cinco horas en vestirse y sacaba brillo a sus botas con champán. ¿Ridículo? Seguramente. Pero fue Brummell quien, como arbitro de la moda de la Inglaterra del XIX, quien estableció que el atuendo más elegante para el varón era el frac. Y no parece que este vaya a desaparecer de las ocasiones de gala en el futuro inmediato.

En el fondo, el rechazo de está tendencia es causado por un temor ante la sexualidad femenina que, desde la incorporación masiva de la mujer al mundo del trabajo en occidente,  viene reclamando un lugar bajo el sol. El primer signo de este cambio es la presencia de hombres, como James Dean, Kart Cobain o Chet Baker, que  con sus trágicos destinos encarnan el ideal de la belleza frágil  Avatares todos ellos de Endimión, amado por la diosa Selene, son figuras observadas en la distancia y una parte fundamental de su atractivo es que no pertenecen a este mundo.

¿Pero que es lo que desean las mujeres de los vivos? Hay esta, como diría Cantinflas, el detalle.

            Se hacen y se pierden fortunas intentando responder a esa pregunta.

            Si volvemos la vista hacia el oeste,  hacia la Fabrica de los sueños que es Hollywood , observamos que los reyes de las taquillas actuales son hombres como Tom Cruise, Keanu Revees o Brad  Pitt que solo por su atractivo físico son capaces de garantizar la afluencia de publico a sus películas.. Su capacidad como intérpretes puede ser discutible, y discutida, pero no la perfección de sus facciones o  el hecho de que exhiben cuerpos que no estarían fuera de lugar en los frisos del Partenón. (Y recordemos que Grecia era una cultura donde el deseo femenino tenía tanta legitimidad que una de las leyes de Solón obligaba a los adolescentes a ejercitarse desnudos frente a las hembras “para que no hubiese decepciones la noche de bodas”) Los músculos hipertrofiados de los héroes de las películas de acción del siglo pasado  han sido sustituidos por los músculos  largos y elegantes del corredor, del nadador o del ciclista. Hombres cuyo aspecto físico apunta no solo a la fuerza, sino también a la resistencia o a la flexibilidad. Capaces no solo de recorrer mayores distancias en la autopista del amor sino también de conducir con más precisión. Y es que, como nos dice la publicidad de una conocida marca de neumáticos, la potencia sin control no sirve de nada.

            Pero no es suficiente con un cuerpo más  o menos perfecto.

            Estos reyes de la taquilla alternan cuidadosamente su paso por superproducciones donde exhiben cuerpos que a los hombres corrientes nos hacen mascullar que esta vez va en serio y nos vamos a pasar el día en el gimnasio , con películas de menor presupuesto donde nos muestran una faceta diferente. Sin ir más lejos el propio Pitt ha interpretado a asesinos psicópatas, fumatas o –en mejor papel de su carrera- un taimado boxeador gitano de dicción ininteligible.

 Son todos herederos de Marlon Brando, cuya interpretación en “Un tranvía llamado deseo” marca un antes y un después en como se ve el cuerpo masculino en las pantallas de cine. Su interpretación destila una fortísima presencia sexual que atrae a Blanche Dubois como una llama atrae a una polilla.

Por debajo del brillo de las estrellas, hay una vena de oscuridad. Pueden ser, nos sugieren, hombres imprevisibles, desinhibidos que  conocen el lado oscuro de la vida.  Entre las adolescentes triunfan hombres capaces de transmitir una aureola de peligro.

            Quizá por eso, uno de los rasgos más demandados por ellas en las secciones de chica busca chico son los tatuajes y los piercings. El cuero negro – que el propio Brando convirtió en un icono- parece haber perdido terreno ante el nuevo tribalismo. Los iconos del rock contemporáneo son gente  como Anthony Kiedis, de los Red Hot Chili Peppers, con su melena al viento, sus tatuajes y su torso bien definido o Bruce Springsteen, cuya definitiva consagración en el imaginario femenino fue la portada de “Born in the U.S.A” que no mostraba su rostro sino sus nalgas.

            El éxito de los hombres con un cuerpo trabajado apunta al hecho de  la mujer parece haberse hartado de que hombres desastrados le exijan tener el aspecto de una supermodelo (En sesión, por supuesto. Nadie quiere tener cerca a una supermodelo el lunes por la mañana sin maquillar). Este es tanto un rasgo de físico como  del carácter ya que es algo que cualquiera puede alcanzar con disciplina y es que tan importante como el cuerpo es el espíritu o si se prefiere el carácter y últimamente se han escrito bibliotecas sobre las mujeres esperan de los hombres a este respecto.

            Me refiero, por supuesto, a la novela romántica que se ha convertido en un genero que mueve millones de ejemplares.

            El rasgo más característico de esta literatura es que se nota una nostalgia del hombre de una pieza. No se critica tanto el hombre dominador como el hombre hombre mezquino que impone un criterio equivocado, no se critica al hombre que habla demasiado tanto como el que no sabe escuchar. Se busca, en una palabra, la inteligencia, entiéndase tanto en su sentido tradicional como en el sentido de inteligencia emocional. No es el hombre que no llora sino, como Rick en “Casablanca”, al hombre que llora enfrentado a una pena que le devora por dentro y no por cualquier tontería como que se le ha rayado el BMW.

Y como estamos en el país de la fantasía lamben todo lo demás: ese cuerpo trabajado que mencionaba antes y, por supuesto, la calidad como amante.

            Así que al final de todo este trayecto nos encontramos con el viejo concepto clásico de  una mente sana en un cuerpo sano. Es lo que las mujeres esperan de los hombres y , si somos medianamente sensatos, lo que los hombres cultivaremos en nosotros mismos.

   “¡No temas, Oh Musa! Costumbres nuevas y días nuevos te reciben y te rodean,Y claramente te digo que una extrañísima raza de nuevas hechuras,Y sin embargo sigue  siendo la vieja raza humana, la misma por dentro y la misma por fuera,Con idénticos rostros y corazones, con idénticos deseos  y anhelos.Buscando el mismo antiguo amor y la misma antigua belleza.”Walt Whitman 

           

   

Octubre 27, 2007

El SALÓN DE LOS ESPEJOS.

Archivado en: actualidad, informatica, relaciones, sexo — arturovillarrubia @ 9:41 pm
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el autentico cyrano 

¿Cansado de este cruel mundo analógico, amable lector o lectora, donde para conseguir pareja se te somete a un despiadado juicio en base a algo tan  irrelevante como las apariencias? La respuesta está en lo digital, en un mínimo movimiento de tus dedos.

No, no y no. No me refiero a… eso en lo que estáis pensando.Me refiero a que  con un clic del ratón puedes entrar en el mundo de los chats donde te esperan el hombre y/o la mujer de tus sueños.  La impresión que causes no dependerá de esos kilos de más que prometes perder cada Nochevieja, la fecha exacta en que se fabricaron tus zapatos, el  tono del tinte de tu pelo o el número de tus piercings.

Dependerá, como es propio de toda sociedad civilizada, de las mentiras que seas capaz de contar sobre ti mismo/a.En este nuevo mundo, Cyrano parece haber triunfado definitivamente sobre su rival, Christian. Aunque eso si  un Cyrano que escribiría  “t nombre rsuena en mi corazón cm una kampana”. Que se le va a hacer. A esto lo llamamos progreso.Aunque no pienses que solo tú te tomarás libertades. Seria más exacto  que puedes encontrar al hombre y/o la mujer de sus sueños. Si llega el momento de conocer en el mundo analógico a la modelo de ropa interior de 16 años  cuyas medidas son 90-30-60 lo más posible es que los números sean correctos pero no sigan ese orden.

Puede que no sea modelo, puede que no sea mujer, puede que sea una operación policial para detener a pederastas en la red  o puede que realmente te pida el número de la tarjeta de crédito para comprobar si eres mayor de edad.Cosas más raras se han visto.Y en todo caso, en las palabras de Osgood Fielding III, nadie es perfecto.

Sin  embargo, algo no termina de encajar. Imaginemos el discurso de Bogart al final de “Casablanca” adaptado a los nuevos tiempos.        

 - Si no te conectas a ese Chat, te arrepentirás. Puede que hoy no, puede que mañana tampoco pero será muy pronto y para siempre.                          

 ¿Falta algo, verdad?

 

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